Estoy harta de la muerte. Esta semana me han dicho que se murió el papá de , la mamá de, el perrito de...estoy hartaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, de esa flaca come gente...
Aunque ya la conocía desde hace tiempo, desde que era chiquita.
Me di cuenta cuando se le metió a mi Avelino, ya no era el mismo desde ese momento, andaba calladito, como triste, a veces cantaba fuerte como reclamandole a la vida un tiempito más, y corría, aleteaba fuerte como pidiéndole la revancha, pero ni con esas, calladito se fue, fue un día de la madre, fue justo antes de salir a almorzar y celebrar, fue debajo del carro que cantó por última vez y que bajó la cabeza para siempre.
Luego vino el Carmelo, que se me fue muriendo lentito lentito, fue perdiendo cada día alguito de vida, fue horrible, salía a la calle y le decía no te vayas hasta que yo vuelva, pero un día no me hizo caso y se fue sin despedirse, y me lo dejaron botado en una caja de zapatos, fue horrible.
Ahora ya no aguanto los velorios, se me mete la pena por todos lados, y me la llevo a casa. Me enfermo por dos días hasta que me vuelve la vida al cuerpo. El gran botín de la flaca marchita me dejó un hueco en el corazón imposible de rellenar. Ahora todas las muertes son como esa muerte, así de profundas, y así de horribles.
Pero cuando ya estaba cayendo al abismo black de todos los Dead can dance del mundo entero, me llegó una caricatura que me hizo reir mucho...jejeje...
al costado de la flacucha debe estar un gordito bonachón lleno de vida, que te manda esas piedritas de alegría que así de sorpresa y de causalidad (como deben ser) caen de improviso...y te hacen sonreir
Oye tú!
GRACIAS!
y de paso debería decir DE NADA
jajajaja
sábado, 8 de diciembre de 2012
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)