Cada fin de semana, cojo mi mochila y retorno al vientre materno, a la casa familiar.
Me ahorco con el cordón umbilical y me acurruco en el líquido amniótico del cariño maternal, en exceso, por no decir excedido.
Retorno cada fin de semana.
Guardo silencio.
Ahora, ellos me hablan, me cuentan.
Ahora, hablan más entre ellos.
Cuando quiero salir un sábado o domingo, aprietan fuerte el cordón que llevo en el cuello y me gritan , con cariño, vuelve temprano cuidado con los cucos.
La cesión de parte de mi derecho a la libertad. Siquiera ahora es parte nomás.
Un peldaño al vacío de la libertad, a la inseguridad de todso los días, pensar en qué comer, en si te va alcanzar la plata y no tienes a quien gorrearle, en tender la cama, en lavar la ropa, lavar la tacita kitty del desayuno, en cocinar tal vez, en limpiar tu cuarto. La vida se va complicando de detalles que antes no me habia dado cuenta que existían. Las mañanas antes de salir a la chamba se van haciendo cada vez más cortas, hay que hacer ésto y aquello.
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