viernes, 9 de octubre de 2020

Mi pandemia

La pandemia ha cambiado nuestras vidas para siempre. El exterior se volvió la casa. La vida afuera de convirtió en recuerdo, en añoranza. Las distancias se hicieron inmensas. El abrazo se sintió lejado, indiferente. Mucho llanto, mucha pena, y aún así mucha vida, por aquí desarrollando, evolucionando, pequeños pasos entre cuatro paredes. Sueños altos, de realidades no se sabe, pero se camina hacia el gran sueño. SUEÑOS ALTOS, COMO GLOBOS DE ELIO QUE VAN SIEMPRE HACIA EL CIELO, HASTA NO PODER VERLOS, como cometas alegres por las alturas. Increíble escuchar que en estos poquitos meses ha muerto tanta gente cercana, no directa pero sí cercana, la muerte ha estado pisando los talores. Nos hemos recluído en casa como si ella no pudiera pasar JAJA. Sólo queda agradecer a dios por cada instante, por estas segundas oportunidades para hacer las cosas mejor que antes, para disfrutar más el aire que respiramos, y los pequeños lujos que nos damos un día cualquiera como comerse una galleta en cualquier esquina sin tener miedo a sacarse la mascarilla, dar un abrazo, saludar con la mano o con besito, ir a comprar, salir a caminar. Seguro tantos años de encierro aprendido, del afuera malo, el cuco de la vida, me ha enseñado a aguantar el encierro. La palabra recurrente AGUANTAR, ya pasará. Para algunas cosas funciona, para otras no, se autoacuchillas, y te mueres matándote poco a poco. Voy soñando alto, agradeciendo mucho, pidiendo perdón a dios, y pidiendo que me de la oportunidad un minuto más para hacer algo por cambiar este mundo, este país, esta ciudad, esta casa. Un minuto más, para dar mi granito de arena y hacer de este mundo algo mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario