Me preguntaba, yo escuchaba
¿por qué llamé?
¿por qué no puedo ser feliz?
¿por qué no me quiere?
Sorbía sus lágrimas y decia
Eso lo mejor. Qué se ha creído. Porque tengo que llorar si no me merece.
Y ¿tú como hiciste?
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Qué podía decir, más que las pocas palabras que logré definir como ciertas y seguir a ciegas. Sólo explicar el único camino que encontré. Sólo compartir lo que viví sin intención de lecciones, más bien como derrame de pena también, una pena razonada, procesada y ya llorada.
Qué más dar que el abrazo, que la compañía mirando el mar, que unos pasos a su costado.
Tal vez se necesitaba más. Algo que queria oir, alguna esperanza de vida, decirle llámalo.
Pero ... no es cierto, nada de eso es cierto.
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