martes, 22 de abril de 2014

Se llama Libertad

Libertad es seguridad de hacer lo que uno quiere y no arrepentirse.
Libertad es control de uno mismo.
Libertad es salir de la puerta de mi casa al parque soñado, y sentir que todo estará bien, que todo será lindo.
Libertad es sonreir al que no sonrie porque en el fondo yo sí quería sonreirle.
Libertad es invitar a los más queridos, y que no me importe que se te haya bajado la presión por su presencia y que hayas querido irte corriendo.
Libertad es que no me importe tu opinión, ni tu queja, ni tu rechazo.
Libertad es amor a mi, finalmente es lo único que vale.
Libertad es amarte sin importarme que me ames de vuelta.
Libertad es ser fuente y derramar agua y seguir así, felíz siendo. Sólo siendo.

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Creo que siempre sospeché eso.
Admiré siempre a la gente verdadera, a la gente que sin tapujos sólo era ella misma, aunque choque con el mundo.
Siempre admiré esa gente.
Aquellos que toman la vida como un regalo propio, como una oportunidad, como un grito y que se lagan contentos a hacer lo que quieran.

Yo siempre me sentí que había sido arrojada a la vida, al planeta, casito como un castigo, casito como una cruz.

Hasta ahora estuve buscando y buscando el camino de vuelta al lugar de donde me habian arrojado, sin saber bien qué lugar era ese, y cómo podría llegar o si llegaría algún día.

Por eso creo que sentí que el mundo no me daba la bienvenida, que no me abría la puerta.

REcién ahora entiendo que las puertas se me abrieron cuando nací, que no me enviarán una  carta de agradecimiento por seguir viviendo, que soy yo la que debo enviar la carta y decir gracias todos los días.


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